Es la Virgen Asunta en plenitud, ya cercana a la gloria. Como si en sus mismas puertas hubiera quedado extasiada en la contemplación de la divinidad de su Hijo. Por ello su rostro está lleno de una luz interior que irradia felicidad.
El vestido es una verdadera filigrana de oros y flores. El manto azul y oro con cenefas riquísimas del mismo. Y los ángeles del pedestal son cabecitas de querubines que asoman por el ropaje graciosamente. Los pies breves, se le acusan por detrás, a través del espeso manto.
La imagen de la Santísima Virgen ha sufrido dos restauraciones, una a comienzo de la década de los cuarenta, ejecutada por D. José Rivera, en la ciudad de Sevilla, en casa de D. José Arias Olavarrieta, y la otra más reciente en el año 1999, a cargo de D. José Rodríguez Rivero-Carrera.
El venerado simulacro, procedente de la capital hispalense, lo adquirió a sus expensas la Hermandad, con las debidas licencias eclesiásticas, en la primera mitad de la década de los años cuarenta del siglo XIX, ubicándola desde entonces en el Altar Mayor de la Parroquial de su hermoso título. A partir de este momento, la Hermandad anexionó a sus cultos anuales la Solemne Novena que continúa celebrándose en nuestros días.
Tiene la Sagrada Imagen otorgada la primera medalla de oro de la Villa, concedida por la corporación municipal en pleno del 27 de enero de 1995.